Stand en Milan design Week

Milan Design Week (parte 2)

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Después de haber escrito el último post, me fui a cotillear al mítico Bar Basso, punto de encuentro de cientos de diseñadores desde los años setenta. Supe de la existencia de este lugar gracias a varias guías y a que el portal del internet Dezeen celebraría allí, durante la semana del diseño, algunas de sus fiestas. No sabría decir qué exactamente es los que hace el local tan atractivo pero media hora después de haber llegado y haberme tomado un estupendo Negroni Sbagliato, aquel bar parecía ser el único en la ciudad.

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Al día siguiente retomé mi camino en Isaloni. Sería para mí el último día de visita a la feria y aún quedaba mucho por delante, muchas grandes firmas que ver, y ninguna defraudó. Disfruté muchísimo, sobre todo de la genialidad de los diseños de varios stands de marcas como Vitra, Moroso o Arper y, por supuesto, de sus genuinos diseños.
Recorrí cientos de metros escudriñando cada rincón de la feria, dejándome seducir también por firmas más modestas pero de poderosa creatividad.

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Algo que no quería dejar de compartir es que, entre muchas cosas, algo que me ha deleitado estos días es observar la manera en que algunos diseñadores están dando una nueva vida a diferentes materiales que parecían haber caído en el saco de los desfasados. Me refiero al mármol y al cobre. He contemplado con admiración como están siendo trabajados y combinados con otros materiales para dar lugar a creaciones en perfecto equilibrio, cualquiera que sea la pieza que compongan, o en exclusiva soledad.

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Dentro del recinto ferial existe también una sección de exposición de diseñadores emergentes y sus obras. Es de los lugares más visitados de la feria y allí se palpan las esperanzas de quienes exponen, deseando resultar atractivos a quien tenga la ocasión de pasar por allí.
Concluí mi andadura por Isaloni con una rápida ojeada por los dos pabellones dedicados al mobiliario de oficina. Salvo algunas excepciones, recorrí la superficie sin pena ni gloria, francamente.

A grandes rasgos diría que la feria merece la pena al 100%, por todo lo que ella conlleva como experiencia relativa al diseño o como mera visita a la ciudad de Milán, sobre todo si se dispone de tiempo para visitar también las distintas áreas que la ciudad reserva a la exposición de diseños en Fuorisalone.

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Tuve la ocasión de desplazarme en mi último día a las zonas de Via Tortona y Lambrate Ventura. La primera de éstas es la zona en la que verdaderamente se inció Fuorisalone. Hace cinco años que esta parte semi-industrial de la ciudad vio transformados muchos de sus talleres en perfectos espacios de trabajo y exposición de diseñadores jóvenes, con motivo de la feria y, tal fue el éxito de esta iniciativa que, cada año ha ido viendo crecer tanto la superficie de muestra como el renombre de quienes allí han querido exponer.

Con todo esto, muchos pequeños diseñadores hicieron la maleta y, pretendiendo preservar un ambiente más “íntimo”, se iniciaron en una nueva zona de exposición, Ventura Lambrate. Pasar allí unas horas fue una maravilla. Lucía el sol en todo su esplendor y el ambiente primaveral inundaba las calles haciendo, si cabía , mucho más agradable la jornada. La tipología de los diseños y, en general, del publico asistente a las exposiciones era mucho más artísitco y bohemio, justo lo que necesitaba para poner la guinda a esta experiencia.

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Desde entonces hasta ahora, me he desplazado desde Milán hasta Conegliano, pasando por Treviso, para dar comienzo a mis vacaciones de primavera. De las que les contaré, o no.